La Formación Profesional está viviendo una transformación profunda. Durante muchos años, estudiar FP se entendía como cursar un ciclo cerrado, con una estructura muy definida y con una parte final de prácticas en empresa. Ese modelo ha formado a miles de profesionales, pero el mundo laboral ha cambiado: las empresas necesitan perfiles actualizados, los alumnos buscan itinerarios más adaptados a sus circunstancias y la tecnología evoluciona a una velocidad cada vez mayor.
En Galicia, la nueva ordenación de la Formación Profesional queda desarrollada por el Decreto 20/2026, de 9 de marzo, publicado en el DOG el 25 de marzo de 2026. Es importante aclararlo, porque a veces se cita de forma incorrecta como “Decreto 20226”. La referencia correcta es Decreto 20/2026. Esta norma desarrolla en Galicia la FP del sistema educativo, en el marco de la Ley Orgánica 3/2022 y del Real Decreto 659/2023.
Una FP más flexible, pero no menos exigente
Uno de los grandes cambios es que la FP se organiza de una forma más flexible. El decreto establece que la Formación Profesional del sistema educativo de Galicia puede desarrollarse en oferta ordinaria y en oferta modular, y que puede cursarse en modalidades presencial, semipresencial o virtual. La oferta ordinaria se organiza por cursos completos, mientras que la oferta modular puede organizarse por módulos independientes, bloques de formación o unidades de menor duración.
Esto no significa que la formación pierda valor. Al contrario: permite que diferentes perfiles de alumnado puedan avanzar según sus circunstancias. Hay estudiantes que cursarán un ciclo completo de forma ordinaria, pero también personas que necesitan compatibilizar estudios, trabajo o responsabilidades familiares. Para ellas, la modularidad puede ser una puerta real para seguir formándose.
La clave está en entender que flexibilidad no debe significar improvisación. Un buen centro educativo debe convertir esa flexibilidad en itinerarios coherentes, bien orientados y con sentido profesional.
La empresa entra antes y con más peso en la formación
Otro cambio importante es la consolidación del carácter dual de la FP. La formación en empresa deja de verse como una experiencia aislada al final del ciclo y pasa a formar parte integrada del proceso formativo.
En el régimen general, la formación en empresa supone entre el 20 % y el 35 % de la duración en los ciclos de grado básico, y entre el 25 % y el 35 % en los ciclos de grado medio, grado superior y cursos de especialización. En el régimen intensivo, la estancia en empresa será como mínimo del 35 % y podrá llegar hasta el 50 % de la duración total de las enseñanzas.
Esto permite que el alumnado conozca antes la realidad profesional: ritmos de trabajo, herramientas reales, protocolos, comunicación en equipo, resolución de problemas y exigencias propias de cada sector. En el caso de la familia de Informática, esta conexión con la empresa es especialmente valiosa, porque los entornos tecnológicos cambian constantemente.
Ahora bien, la normativa también incorpora garantías. La formación en empresa debe contar con un plan de formación establecido previamente entre el centro educativo y la empresa, identificando los resultados de aprendizaje que se trabajarán durante la estancia. Además, en los ciclos de grado medio y superior no se puede desarrollar un módulo profesional del currículo básico completamente en la empresa ni asignar a la estancia más del 65 % de las horas de un módulo.
Esto es fundamental: la empresa participa en la formación, pero el centro educativo sigue siendo garante del aprendizaje global.
Nuevos módulos para un nuevo mercado laboral
La nueva FP no solo cambia la organización; también actualiza el contenido. En los ciclos formativos de grado medio y superior se incorporan módulos comunes asociados a competencias transversales: Itinerario personal para la empleabilidad I y II, Digitalización aplicada a los sectores productivos, Sostenibilidad aplicada al sistema productivo e Inglés profesional, además del Proyecto intermodular.
Estos módulos responden a una realidad evidente: hoy no basta con saber ejecutar tareas técnicas. Un buen profesional también debe comprender el entorno laboral, adaptarse a los cambios, comunicarse, trabajar en equipo, entender la transformación digital, conocer el impacto ambiental de su actividad y manejar el inglés profesional en contextos cada vez más internacionales.
En concreto, el módulo de Digitalización aplicada a los sectores productivos busca desarrollar conocimientos y competencias básicas sobre cómo la digitalización modifica los procesos productivos. El módulo de Sostenibilidad aplicada al sistema productivo trabaja la economía verde, el impacto ambiental y la transición ecológica en cada sector. Y el módulo de Inglés profesional capacita para la comunicación en contextos profesionales plurilingües.
El equilibrio: formar para trabajar hoy y para seguir aprendiendo mañana
Una de las dudas más habituales es si una FP más conectada con la empresa puede acabar formando solo para necesidades inmediatas del mercado. Es una pregunta legítima. Pero la normativa también insiste en la importancia de las competencias para la empleabilidad, el aprendizaje a lo largo de la vida, la adaptación a los cambios y la adquisición de habilidades profesionales permanentes.
Por eso, el papel del centro educativo es decisivo. No se trata solo de preparar al alumnado para una empresa concreta, sino de formar profesionales con base técnica, criterio, autonomía y capacidad de evolución.
En nuestro centro entendemos la FP como una formación integral: práctica, sí; conectada con la empresa, también; pero siempre con una base pedagógica sólida. Nuestro objetivo no es que el alumnado aprenda únicamente una herramienta o una tarea, sino que comprenda los fundamentos de su profesión y pueda adaptarse a los cambios que vendrán.
Qué debe saber un alumno sobre la nueva FP
La nueva normativa no debe entenderse como una pérdida de calidad ni como una simple “fragmentación” de los estudios. Bien aplicada, puede ser una oportunidad para construir una FP más personalizada, más cercana a la realidad profesional y más útil para el futuro.
El alumnado debe tener claras varias ideas:
La FP sigue teniendo una estructura académica rigurosa. Los ciclos formativos de grado medio y superior mantienen una parte troncal obligatoria, módulos profesionales, competencias transversales y proyecto intermodular.
La formación en empresa forma parte del aprendizaje, pero no sustituye al centro educativo. El profesorado sigue teniendo un papel clave en la planificación, seguimiento y evaluación del proceso formativo. De hecho, la evaluación de los resultados de aprendizaje vinculados a la empresa corresponde al profesorado, teniendo en cuenta la valoración del tutor o tutora de la empresa.
La empleabilidad ya no depende solo de tener un título. También depende de saber adaptarse, seguir aprendiendo, comunicarse bien, trabajar con responsabilidad y comprender las nuevas tecnologías.
Una FP para una sociedad en cambio
La nueva Formación Profesional en Galicia nace para responder a una realidad: el mundo laboral cambia, las profesiones evolucionan y la formación debe acompañar ese proceso. Pero la respuesta no puede ser solo rápida; también debe ser profunda.
Por eso, la mejor FP será aquella que consiga unir dos dimensiones: la conexión real con la empresa y una formación educativa sólida. La práctica sin fundamentos se queda corta. La teoría sin contacto con la realidad pierde fuerza. El verdadero valor está en unir ambas.
En nuestro centro trabajamos para que el alumnado no solo obtenga una titulación, sino que salga preparado para construir su futuro profesional con criterio, responsabilidad y capacidad de adaptación.
Porque la nueva FP no va solo de aprender una profesión.
Va de aprender a crecer dentro de ella.
